- Se abren lentamente las alas blancas y perfectamente delicadas, de esta blanca mariposa cubierta con el húmedo rocío del amanecer. Sus pequeños ojos, miran a su alrededor. No hay un sonido más que el del leve cantar de los pájaros. Alza su vuelo de una forma lenta, pero decidida. Revolotea sus pequeñas alas, la brisa mañanera le guía por el estrecho camino del bosque. Puede oler el delicado olor de las flores húmedas después de pasar una fría noche. Se detiene en distintas flores para deleitarse con su aroma. Finas gotas de lluvia empiezan a caer sobre sus alas. No le molestan, se asemejan a una caricia. Poco a poco, las gotas empiezan a ser más gruesas, y el cielo empieza a oscurecerse. Las mismas gotas que antes la acariciaban, ahora la están matando. Sus alas le pesan, su vuelo se dificulta, y cualquier rama es resbaladiza para sus pequeñas extremidades. No encuentra la salida, allá donde mire, no hay nada más que árboles. Lo que antes le daba vida, ahora se la quita, la naturaleza que antes la alimentaba, ahora la mata de hambre. No entiende el por qué, hace solo unas horas que había deshecho la seda que la envolvía. El cielo cada vez era más oscuro, y...
- Silencio, ya basta. Te he dicho que me hablaras sobre el arte, no sobre lo que todos sabemos.
El niño levantó la cabeza. Giró su cabeza hacia la ventana. Observó el devastador mundo que detrás se encontraba. El sol inexistente, el ambiente gris, la pobreza en las calles, la inexpresiva tristeza de la gente. Se dirigió hacia su profesora y le dijo:
- He estado hablando de arte desde que empecé. No todo el arte tiene por qué estar plasmado sobre un lienzo. El arte es algo que existió hace mucho, y que hoy recordamos y valoramos mientras antes quien estaba presente en él no lo hacía.

